Martín era un hombre viejo, apagado y triste.
A lo largo de muchos años, se había dedicado a perfeccionar su técnica con el oboe, instrumento de viento con elevado grado de dificultad para interpretarlo. Dicen que sólo los oboístas muy avanzados logran emitir un timbre rico y cálido. Martín era considerado el mejor de Cusco, pero después de largos años de hacer sonar esas notas finas que hacían vibrar a más de uno, había dejado que la tristeza se apoderara de sus más sensibles fibras; Martín era un hombre gris.
Era el verano de mil novecientos cuarenta y dos, durante el Concierto Provincial en Machu Picchu. La Orquesta Sinfónica de Cusco entraba para presentarse al anfiteatro que los recibía con larga y estruendosa algarabía; el público, muy ansioso, abría los ojos y se concentraba en una sola persona, Martín Grau.
El director de orquesta era Miguel Cerro, un gran amigo por largos años de Martín; se conocían muy bien y Miguel siempre le daba prioridad a los asuntos relacionados con Martín.
Para el evento en Machu Picchu, había organizado un nuevo orden espacial entre los integrantes de la orquesta, todo para que Martín quedara como protagonista, decisión que a él molestaba un poco.
Casi eran las ocho de la noche y todo estaba listo para que el concierto diera inicio. Martín fue el primero en sentarse; caminaba con un semblante inquieto, preocupado. Las dos semanas anteriores habían sido difíciles, llenas de ataques de ansiedad y ligero delirio. Había algo en el Concierto Provincial que lo mantenía con una angustia irremediable, por lo menos él así lo sentía.
Miguel veía desde una esquina a Martín y le preocupaba. Lo conocía muy bien y sabía que no existía nada que pudiera desconcentrar a Martín al tocar el oboe, sobre todo porque esa noche la orquesta interpretaría Concerto No.3 de Ludwig August Lebrun; una de las obras más importantes para oboe.
El concierto dio inicio y todo se desarrollaba con normalidad. Los timbres de los instrumentos fluían impecablemente. Las cuerdas sonaban intermitentes con las percusiones y los graves de viento creaban una atmósfera que envolvía en armonía cada rincón de las edificaciones incas del Machu Picchu. El único detalle que destacaba por contrastar armónicamente la melodía era el oboe de Martín Grau.
La obra de Lebrun fue interpretada a la perfección; los críticos estaban boquiabiertos al ver la pureza con la que Martín se mezclaba con el oboe. Miguel Cerro, el director de orquesta, estaba completamente sorprendido por la dinámica que había adoptado Martín con su instrumento, tanto que olvidó por completo la enorme inestabilidad que había visto en su amigo antes de iniciar el concierto.
Llegó el momento de interpretar L'incontro improvviso de Joseph Haydn. A Martín le sudaban tanto las manos, que sentía como el oboe se le resbalaba lentamente. Todo congruentemente encajaba; la pieza de Haydn tenía cierta complicación para Martín. Era la favorita de su difunta esposa.
continuará...
9 de julio de 2007
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5 comentarios:
El oboe resbalaba poco a poco por la manos de Martin, el trataba de agarrarlo con mas fuerza pero era inutil. El oboe se desplomo en el piso produciendo las notas mas dulces que habia escuchado Martin en su vida.
Martin cerro los ojos al ver que el obo caia, cuando escucho las notas melodiosas temeroso abrio los ojos y lo unico que vio fue una blanca niebla que cubria la majestuosedad entera de Machu Picchu, la niebla se desipo, Martin tenia la mejor vista de su vida, y la tranquiladad lo invadio hasta el ultimo rincon de su ser, una mujer tomo la mano de Martin, el no se inmuto sabia quien era y en donde se ecnontraba.
Asi fue como me imagine que terminaba
Logré que se producieran imágenes en ti Marimba, eso está perfecto.
Ya verás la continuación, es un experimento.
Se presta para un cuento más largo, esta chido que continúe... una pregunta ¿a poco te sabia el nombre del concierto? jajajaja
Me gusta lo descriptivo pero creo que tienes que explicar más la inquietud de Martin en lo que sigue, sino puede perderse el porque
Lise, no comas ansiaaaas... fíjate muy bien en el "continuará" y espera leer más pronto. Así es la estructura de mi cuento.
En fin, gracias por los comentarios. Ahora son notas en mi cabeza.
Veo que a los oboianos les gustó, a mí no tanto. El uso indiscriminado de adjetivos y frases comunes opaca el talento de martín y enreda el desamor, un estado tan limpio y sencillo.
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